martes, octubre 10, 2006

Cuatro Poemas de Peniley Ramírez


Incursionar en la poesía no es cosa fácil. La poesía es un territorio dado a unos cuantos. Se presenta como la intuición de un mundo más allá de los sentidos, sólo posible cuando se da un vínculo ceñudo entre el lector y el poeta. No hay poesía sin empatía; y ésta suele ser huraña si sólo toca las fibras comunes de quien lee. La buena poesía debe ir al fondo del ser: allí donde uno se muere por oír de otros lo que a uno le pasa, -–y que, eso que pasa, no sea una recitación o menú de cocina.

Escribir poesía es algo más que dos o tres versos que rimen y se corten en renglones incompletos; se requiere de ser un perceptor agudo del mundo, y tener una buena reserva de capacidad de asombro. Por ello –y con razón--, Octavio Paz subraya que no toda poesía es un poema, y al revés, no todo poema es una poesía. Se puede hacer poesía sin que ésta conmueva, emocione o haga alucinar al destinatario. La poesía se convierte en poema cuando sacude al lector, de la misma forma en que lo zarandea un bello crepúsculo, la lluvia tardía, el vaivén de un cerezo o un parpadeo al pie del mar.

Desde esta perspectiva, más difícil aún, es echar mano de la poesía si se es joven, y quien escribe tiene aún la duda de si lo que traza sobre el papel es o no un poema. En el caso de Peniley Ramírez, no existe esa duda en cuanto al lector. Si bien sus palabras provienen del inventario de lo común, la forja con que anuda la imagen, hace que sus versos lleguen como un misil al alma:

Que pase algo malo / me atropellen o me violen/ sufrir la carne el cuerpo / llorar de veras tres días sin parar / cansarme, correr / que la lluvia venga / no hacia abajo / comida por la tierra / sino hacia mí/ me coma/ me haga polvo / me ponga / entre tus manos.

Las imágenes que desprende este sólo párrafo podrían desmenuzarse una a una y no lograr acercarse a esta joven poeta; es necesario encerrar en un solo atado, con su marchamo, la imagen total para dar uno cuenta de su capacidad de “decir” más allá de las simples palabras.

Los Elementos del reino celebra el descubrimiento de esta joven poeta. Presenta
Cuatro Poemas de su autoría y enfebrece su entusiasmo junto con ella cuando dice, sin rubor alguno, que deberíamos “Hacer de la poesía una enfermedad incurable

Ignacio García
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CUATRO POEMAS
La espera

Caer
arrodillada
gritando
acostumbrarme a callar.

Que el agua limpia que lava
esta ciudad en donde vine a nacer
venga a ayudarme.

Quiero paz,
subirme a un árbol y mirarlo todo
mientras
espero,
ponerme una madera contra la cabeza
para no
crecer,
aplastarme el estómago,
sufrir realmente.


Que pase algo malo
me atropellen o me violen
sufrir la carne el cuerpo
llorar de veras tres días sin parar
cansarme, correr
que la lluvia venga
no hacia abajo
comida por la tierra
sino hacia
mi
me coma
me haga polvo
me ponga
entre tus manos.

Quiero ser pan,
migaja, sueño, algo.
Quiero que esto de vivir tenga sentido, sirva.

Lo que quiero es verte.

La habana octubre 2005





Reflexiones de Jesús en Getsemaní


I

Deberíamos colgar a la poesía en plaza pública
para que alguien se dignara a verla.

Infectar de poesía a la humanidad.
Peregrinar recitando
en baños públicos cajas de supermercados
o paradas de autobús.

Hacer de la poesía una enfermedad incurable.

II

¿Hasta dónde los límites del sacrificio coinciden
necesariamente
con los límites del amor?

El cinismo es una carga
y la duda es un pulgar:
yo sólo soy la bestia
que me habita.

III

La temperatura del vientre es directamente proporcional a la altitud del vuelo.

Veracruz, septiembre 2006
Fashion Week

Muchacha,
la pobreza ensucia
tu carro blanco
con sus seis cilindros de ciudad.

Un ejército de manos de agua limpia tus pies,
princesa de carroña
de hilo negro.

¡No es tu culpa!
Naciste bebé, como todos,
pero tus sábanas de seda
eficientes,
automáticas,
quisieron tu cerebro virgen.

Lo han violado con la misma delicadeza
con que escupes,
levantas polvo a la calle de los tacos,
escoges tu ropa cute.

Cuando tengas 30 desearás
un negro de 22,
albañil,
panadero,
algo sucio.
Las sábanas de seda no podrán hacer.


Cuando tengas 50
Mirarás tu reflejo en la ventana,
cabello crepé,
café capuchino,
manicure francés.

Todos los años son agujas
y el tiempo teje su mejor telar.

¿En qué hilo de herrumbre
te habrás convertido
canosa,
arrugada,
inútil?

A los 70 habrá colección de tulipanes rojos
y globos de colores
en toda tu habitación
de hospital.

Descuida, este mismo polvo de hoy,
calle sucia,
tacos,
seis cilindros,
fabricará tu mármol blanco
número 7536.

Sólo entonces, sin que sea tarde,
serás bienvenida
al pueblo.

Veracruz, septiembre 2006


Vuelta

A pesar de los años, a pesar del dolor,
nada es más grande que tu amor

Carlos Varela

Todos los duendes pasean en falso.
La verdad no es un hilo que saltar.
Estamos, en fin.
Existimos.

¿Importa realmente
casa de playa o de golf
Mercedes o Marie
carro astuto o japonés?

Estamos,
a pesar de los años,
a pesar del dolor.

¿Qué otra vertiente necesita la huida
para rendirse
o la muerte,
para ser penetrada?

¿Debemos esperar a los cincuenta años
patas calientes
pecho seco
sequía inodora
hombre deuda
no ya artesano?

Coger la vida es el oficio más correcto.
Regresar siempre
al amor
mientras sirva.

La confianza, la pereza, el humo.
Todos sirvientes secundarios
de las obras mayores:
el azar.

Volvemos a inspirar.
Y el destierro comienza
por fin
a olerme como victoria.

Veracruz septiembre 2006
e-mail de Peniley Ramírez: djpenny87@hotmail.com